martes, 11 de diciembre de 2018

Juan Pérez, el explorador mallorquín que llegó más al norte que nadie


Juan José Pérez Hernández, marino español (Palma de Mallorca 1725, algún lugar del Pacífico 1775)

Mi artículo de diciembre Sección Botón de Ancla en #GacetaNáutica @nauticabal




Nació en el barrio palmesano de Santa Cruz y murió navegando en aguas del océano Pacífico tras numerosas travesías en las que se ganó la fama de ser el piloto más avezado de su tiempo

En el artículo de noviembre, sobre la campaña naval en la alta California que lideró Fray Junípero Serra, mencioné de pasada a un marino mallorquín sobre quien quiero detenerme ahora un poco. Se trata de Juan José Pérez Hernández (Palma de Mallorca, 1725 - algún lugar del Pacífico, 1775), oficial de la Real Armada española, nacido en la zona de la parroquia de la iglesia de Santa Cruz, conocida entonces como la Ribera de Palma, barrio marinero de Ciutat por excelencia, no en vano unos lustros antes allí mismo había nacido nuestro gran marino Antonio Barceló, Es Capità Toni, que llegó a ser Teniente General de la Real Armada y resaltando entre sus campañas el asedio a la aún hoy tristemente famosa colonia de Gibraltar.

Juan Pérez se formó como piloto de carrera y oficial de la Armada, tras lo cual sirvió con éxito en la llamada “Ruta de Filipinas”, que unía los lejanos puertos de Acapulco y Manila. Por tal motivo fue escogido para ayudar en la campaña de la Alta California y, si bien en realidad su rango en la marina era de Alférez graduado, el propio Fray Junípero Serra se refería al marino como “Capitán don Juan Pérez, comandante del paquebote San Antonio”. Tal era su pericia marinera que Fray Junípero lo describía así “en la travesía de La Paz a Monterrey, lejanas en más de 2.000 millas, debido al conocimiento que tenía de mareas y vientos el osado marino mallorquín, aunque salió un mes y medio después que el San Carlos, llegó a destino con el San Antonio veinte días antes”.

Uno de los hitos más relevantes de Juan Pérez fue el de navegar hacia la máxima latitud Norte conocida hasta la fecha, siguiendo las indicaciones que al efecto mandó Carlos III a fin de que se reconociera la costa en búsqueda de posibles asentamientos rusos, que se pensaba que la Zarina Catalina II la Grande había ordenado que se establecieran. Tal era el aprecio y respeto que consiguió este marino que el propio Virrey Revillagigedo escribió que era el escogido para esa tarea “por ser el piloto que con más acierto concluyó sus viajes”. En la expedición llegó a subir hasta las 55 grados de latitud Norte, concretamente hasta la bahía de Nutka. Lo sorprendente es que, además de sus tareas como marino, desarrolló una prolija actividad como etnógrafo, elaborando unos informes que han quedado como modelo de precisión de datos técnicos y proporcionando con ello grandes avances en el conocimiento de gentes y costumbres de las regiones exploradas.

Fiel a su estilo de vida, Juan Pérez dejó este mundo navegando, siendo su fallecimiento muy sentido por todos los que le acompañaban a bordo. Las honras por su fallecimiento no pudieron hacerse hasta un año más tarde, una vez que hubo regresado el barco a la misión de San Carlos. Cuentan las crónicas que fueron “con misa cantada y varias rezadas en atención a haber sido el descubridor de los puertos de San Diego y Monterrey”. Por el particular y distinguido mérito que caracterizó a Juan Pérez en la que fue su última expedición para explorar y conocer la costa de California Septentrional, el Rey firmó el 28 de febrero de 1776 un decreto por el que se le concedía a título póstumo el ascenso a Teniente de Fragata.

El enlace del artículo en la versión digital de Gaceta Náutica:


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Campaña naval en la Alta California




España ya exploraba California en 1543 con el cartógrafo Juan Rodríguez Cabrillo, prosiguiendo en 1602 Sebastián Vizcaíno.

No hubo presencia española permanente por las grandes distancias, fuertes corrientes y vientos por mar y por el desierto de Sonora por tierra, hasta que Carlos III fue advertido de la presencia de rusos en Alaska (expedición de Vitus Bering en 1741).

José de Gálvez, visitador general, se encargó de impulsar los asentamientos. Muy eficaz fue Fray Junípero Serra. Ambos organizaron cuatro expediciones desde San Lucas: dos terrestres y dos marítimas, éstas con los paquebotes San Carlos (teniente de navío Vicente Vila) y San Antonio, alias «El Príncipe» (álférez de fragata Juan Pérez, mallorquín de la Ribera de Palma). A bordo iban oficiales, marineros, artesanos, soldados y frailes. También mulas, caballos y vacas.

La dureza fue extrema. De los 219 hombres, menos de cien sobrevivieron. Por mar, el San Carlos se quedó prácticamente sin marinería por el escorbuto. La travesía provocó un enorme desgaste en buques y material. En Crónicas del descubrimiento de la Alta California, (1769) se describe: «El San Carlos, como hubiese trabajado mucho en la mar forcejeando con los vientos, se le afloxaron, y escupió de las costuras alguna Estopa por donde venía haciendo agua(..) Se juzgó indispensable el darlo a la vanda, para descubrirle el costado y la quilla, operación que tenía su dificultad en un País poco menos que destituido de quanto se necesitaba para el efecto(..) Executose sin embargo acarolándola su S. Illma. con su presencia, y exemplo, y en menos de quince días recibió el Buque toda su carga, y quedando en disposición de hacerse a la Vela, se embarcó a la tropa, que consistía en veinte, y cinco Hombres de la Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña, con su Teniente D. Pedro Fages»

Un 16 de julio de 1769, fondeados los dos buques en una bahía abrigada, decidieron fundar la primera misión, llamada San Diego de Alcalá (actual San Diego). Por la escasez de marineros, víveres y pertrechos, el San Antonio zarpó hacia San Blas, arribando después a San Diego con lo necesario. Con el padre Serra a bordo comenzaron la travesía rumbo a Monterrey y, tras 46 días, fundaron la segunda misión, San Carlos Borromeo. Se procedía siempre igual: en lugar adecuado se levantaba una capilla, cabañas para los frailes y un pequeño fortín. Por curiosidad los indígenas se acercaban, invitándoles a establecerse. Les instruían en agricultura, ganadería y albañilería, les proveían de semillas y animales y se les catequizaba. Aprendían oficios de carpintero y herrero. A las mujeres les enseñaban tareas de cocina, costura y confección de tejidos. 

Se instruía a los indigenas en agricultura, ganadería y albañilería, les proveían de semillas y animales y se les catequizabaSiguieron más singladuras de Juan Pérez al mando del San Antonio. En1771 transportó al resto de la expedición, destacando los misioneros mallorquines Francisco Dumetz, Luis Jaume, Miguel Pieras y Buenaventura Sitjar. Las navegaciones fueron penosas por las condiciones de mar y viento y las corrientes, de las que tomaron buena nota para travesías posteriores.

El padre Serra murió en 1784 en San Carlos Borromeo. Los indios le llamaban cariñosamente «el viejo». Asistieron más de 600 de ellos al sepelio. En el Capitolio tiene una estatua en su reconocimiento. 

Ahora la Universidad de Stanford (California) ha decidido retirar su nombre de la dirección oficial, de la residencia y de uno de los edificios. Lo hacen «porque es importante reconocer el daño hecho a la población indígena, que continúa afectando a los nativos americanos de la actual comunidad de Stanford». Pues nada.

El enlace del artículo en Gaceta Náutica:

http://www.gacetanautica.es/firmas.php?ln=01&fi=16#destino

lunes, 29 de octubre de 2018

Un héroe llamado McCain


A continuación mi artículo de octubre en Gaceta Náutica. Espero que os guste.





En mi artículo “El coco y el Mensaje” de agosto hice referencia a la formación y experiencia naval militar de JFK. Voy a hacer lo mismo con otro gran político americano que nos ha dejado: el Senador John McCain.

McCain era hijo y nieto de almirantes de cuatro estrellas de la Navy (equivalente a Capitán General en nuestra Armada, nivel OF10 OTAN). De familia le vino la vocación marinera. Después de su paso por la Academia Naval de Annapolis, se especializó como piloto de combate del arma aeronaval. Su devenir militar es digno de elogio por su valor acreditado. Adelantó maneras cuando, estando embarcado en el portaviones USS Forrestal como piloto del Douglas A-4 Skyhawk, tuvo que escapar de su caza envuelto llamas en la cubierta de vuelo. Tras percatarse de que había un compañero aún en el fuego, volvió para ayudar. La mala fortuna quiso que, por el calor de las llamas, explotara una de las bombas que trasportaba la aeronave, impactando la metralla de lleno en sus piernas y en el pecho, sin conseguir salvar al compañero. El USS Forrestal fue declarado fuera de servicio durante un tiempo por lo que, una vez recuperado de sus heridas, McCain pidió cambio de destino, embarcando en el portaviones USS Oriskany.

Fue en este destino donde le sucedió un hecho que le marcó de por vida. En plena guerra de Vietnam, cuando llevaba a cabo su misión número 23, McCain fue derribado sobrevolando Hanoi. Sufrió nuevamente heridas de consideración, en las piernas y en un brazo, siendo cogido prisionero por el Vietcong. Por circunstancias de la vida, a su padre lo designaron comandante de las fuerzas estadounidenses en Vietnam. Al enterarse, sus captores aprovecharon la ocasión para ofrecerle su liberación, con una clara finalidad propagandística y sacar provecho de ello. Lo sorprendente en este caso es que McCain se negó a aceptar su libertad porque había compañeros que llevaban más tiempo que él prisioneros y no era justo aceptar eso. Y así fue. Ese gesto le costó cinco años y medio de cautividad, en condiciones penosas de tortura y trato denigrante. Un 15 de marzo de 1973, al final de la guerra, fue puesto en libertad. Una cojera le acompañó muchos años y durante el resto de su vida no pudo levantar los brazos por encima de la cabeza. McCain fue condecorado con la Estrella de Plata, la Legión de Mérito la Cruz de Aviación por Servicio Distinguido, la Estrella de Bronce y el mismísimo Corazón Púrpura. Aquí nuestro humilde homenaje.

Como contrapunto diré que el otro día me enzarcé en un debate en redes sociales con un buen amigo. Era sobre si la Unión Europea estaba o no haciendo algo con esto de los inmigrantes en el Mediterráneo. Gran sorpresa cuando le facilité hasta 6 ejemplos de misiones internacionales que la UE ha puesto en marcha para hacer frente a este problema. Operaciones Mare Nostrum, Tritón, EUNAVFOR Med, EUNAVFORMED Sophia, Themis, Poseidón. Y la creación de la Agencia Europea de Fronteras y Costas y la Guardia Europea de Fronteras y Costas FRONTEX. Millones de euros que desde el viejo continente son dedicados a estos menesteres.

Más de 620.000 vidas han sido salvadas en el Mediterráneo desde 2015. Podremos convenir que el problema es enorme y que hay que mejorar, pero no es cierto que no se haga nada. Quede constancia.

Pues eso

-Artículo de Opinión Política/ diario digital "Mallorca Confidencial"-   El autor. Soy de los que piensa que siempre hay que trill...