miércoles, 27 de febrero de 2019

Cosme García Sáenz, el riojano que inventó el submarino


Mi artículo en Gaceta Náutica del mes de febrero.

Cosme García Sáenz, el riojano que inventó el submarino.

Presentó su idea ante la reina Isabel II, que se mostró "admirada" pero le anunció que el gobierno no podía sufragar el proyecto debido a los gastos de la guerra en África.



Las inversiones de Defensa en España son un pretexto perfecto para recordar a un español de bien, Cosme García Sáenz, natural de Logroño, ingeniero e inventor. De capacidad portentosa, Cosme García ideó y fabricó las máquinas para sellar en las oficinas de Correos, la mejora de la fundición de los caracteres de imprenta, las máquinas de timbre de la Casa de la Moneda e incluso una carabina de retrocarga capaz de disparar más de 3.000 disparos sin que fallara el mecanismo y sin necesidad de limpiar el arma.

Corría el año 1858 cuando nuestro personaje ideó y construyó a sus expensas el primer submarino. Con un novedoso motor de resorte, llevaba un peso sumergidor que le permitía ejecutar la inmersión y la emersión. Probado un 4 de agosto de 1860, manejado por el propio inventor y su hijo, asistió el mismo general O’Donnell. El acta oficial de la Comandancia de Marina de Alicante recogió que las pruebas se efectuaron con precisión y el resultado fue tan satisfactorio que maravilló a la distinguida concurrencia.

El éxito hizo albergar a Cosme García esperanzas y así construyó un modelo en cobre, que presentó en Madrid a la reina Isabel II, quien admiró el sumergible, pero le anunció que el gobierno no podía atender tal proyecto debido a los gastos de la guerra de África. Decepcionado y con cierta desgana, viajó a París, donde Napoleón III y sus técnicos examinaron con gran expectación el submarino, invitándole a trasladarse a Tolón para construir uno. Cosme García rechazó la oferta pues se trataba de una potencia extranjera.

El submarino quedó anclado en Alicante, hasta que la autoridad portuaria informó que molestaba al tráfico marítimo. Para evitar que el invento cayese en manos de un país extranjero, su hijo Enrique lo mandó al fondo del mar a la salida del puerto, donde aún permanece hundido. Arruinado y dolido, Cosme García falleció en Madrid a los 55 años. Nuestra querida patria, siempre madre pero en ocasiones (más de las deseadas) madrastra.

Su hijo Enrique volvió a ofrecer el proyecto durante la Guerra Hispano-Estadounidense, pero fue desestimado. Imaginen el desenlace de la guerra con un arma de tal envergadura del lado español.

El contrapunto: un medio escrito nacional dejaba en mala posición a nuestra industria naval y a nuestra Armada con el proyecto del submarino S80. Si bien es cierto que ha pasado por vicisitudes técnicas no deseadas, la falsedad de lo publicado no evitó que el bulo-noticia se hiciera viral contra España, empezando por los tabloides británicos, con un claro interés en que los astilleros españoles no consigan consolidar su posición en los contratos internacionales.

No aprendemos de la historia. Las vicisitudes vividas en su día por Cosme García se repitieron después con Isaac Peral, Narciso Monturiol o Antonio Sanjurjo y sus prototipos de submarinos. No hagamos que pase de nuevo. El reto que se está sacando adelante ahora con el proyecto del S80, desarrollo I+D+I cien por cien español, es un salto en este mercado mundial, donde la nueva plataforma propulsora supondrá toda una revolución, pues será el mejor submarino oceánico de propulsión convencional, dotado del sistema más silencioso existente y acercándolo a las capacidades propias de los de propulsión nuclear, sin serlo. Recuerden que, después de una nave espacial, el submarino es el sistema más complejo que existe. 

Nuestra Armada, siempre al quite, prevé que uno de los submarinos S-80 lleve el nombre de Cosme García Sáenz. Honor y gloria.

El enlace de la publicación en Gaceta Náutica:


domingo, 3 de febrero de 2019

Blas de Lezo, el héroe español sin película

Breve apunte sobre el almirante español, ninguneado en la gala de los Goya por el guionista Borja Cobeaga: "No hacemos una película sobre Blas de Lezo porque no nos da la puta gana".

Publicado en mi colaboración Botón de Ancla de la Gaceta Náutica del mes de febrero.


Tal día como hoy, un 3 de febrero de 1689 nacía en Pasajes, Guipúzcoa, el que luego llegó a ser Almirante de la Real Armada don Blas de Lezo y Olavarrieta, considerado uno de los mejores estrategas de la historia y uno de los marinos más ilustres de España, destacando sus gestas navales tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico. 

Héroe de Cartagena de Indias, derrotó al Almirante inglés Vernon, que acabó diciendo: "God damn you, Lezo! I Will come Back" (¡Que Dios te maldiga, Lezo! Volveré"), a lo que nuestro ilustre marino Lezo le contestó: "Para venir a Cartagena, es necesario que el Rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta solo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres"

Sus palabras a su esposa al fallecer fueron: «Dile a mis hijos que morí como un buen vasco, amando y defendiendo la integridad de España y del Imperio. Gracias por todo lo que me has dado mujer. ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!»

Un buque de la Armada lleva su nombre.

El enlace:



jueves, 24 de enero de 2019

'DieselGate' y gasolina

Comparto a continuación el artículo que el pasado 22 de enero de 2019 me publicó en Diario de Mallorca en su apartado de Tribuna. Espero sea de interés y que abra debate y reflexión.


Artículo en la versión papel


Con la política progresista en Balears y en España lo que ahora está de moda son las prohibiciones. En Movilidad toca ahora un DieselGate y, para qué quedarnos en eso, la gasolina: ¡la prohibimos también! Según este criterio, para ser respetuoso con el medio ambiente todo se reduce a una cosa: tener un coche cien por cien eléctrico.

Pero hay que detenerse en unas cuestiones previas: de un lado se obvia que el coche eléctrico, en su ciclo de vida, genera hoy día prácticamente el mismo CO2 que un diésel moderno. Y por otro lado se obvia también el hecho de que las energías renovables no son 100% verdes, pues entre otras cosas necesitan de sistemas para el almacenaje de la energía, baterías, cuyos componentes y fabricación sí que contaminan. Hay mucho marketing que alimenta esta ilusión, cuando la realidad es que el concepto "emisiones cero" es falso si tenemos en cuenta el montaje y construcción del vehículo, su consumo de electricidad a lo largo de su vida útil y su posterior proceso de desguace.

Con la política progresista en Balears y en España lo que ahora está de moda son las prohibiciones. En Movilidad toca ahora un DieselGate y, para qué quedarnos en eso, la gasolina: ¡la prohibimos también! Según este criterio, para ser respetuoso con el medio ambiente todo se reduce a una cosa: tener un coche cien por cien eléctrico.

Pero hay que detenerse en unas cuestiones previas: de un lado se obvia que el coche eléctrico, en su ciclo de vida, genera hoy día prácticamente el mismo CO2 que un diésel moderno. Y por otro lado se obvia también el hecho de que las energías renovables no son 100% verdes, pues entre otras cosas necesitan de sistemas para el almacenaje de la energía, baterías, cuyos componentes y fabricación sí que contaminan. Hay mucho marketing que alimenta esta ilusión, cuando la realidad es que el concepto "emisiones cero" es falso si tenemos en cuenta el montaje y construcción del vehículo, su consumo de electricidad a lo largo de su vida útil y su posterior proceso de desguace.

Por otro lado nada se dice de que entre el 65 y 78% de la contaminación en las grandes ciudades no es de los coches, sino que viene provocada por los sistemas de calefacción de los edificios, de carbón y gasoil principalmente. Sobre este tema no se toma ninguna medida, al menos que se sepa.

Hemos de recordar que no se han sustituido las fuentes tradicionales de energía con las que se crea la electricidad que habrá de alimentar estos vehículos. Un porcentaje muy elevado de la electricidad tiene su origen en la quema de combustibles sólidos (gasóleo, carbón) y la red eléctrica, en su forma de producir, no cambiará en los próximos 15 o 20 años como mínimo. Es cierto que el coche eléctrico no lleva tubo de escape, pero la electricidad con la que lo cargamos –en su producción– sí que provoca emisiones de CO2, no nos engañemos.

Nada se dice tampoco de la guerra por los "metales raros", tan necesarios en la construcción de componentes de los vehículos eléctricos para sus baterías y sistemas. Acierta el francés Guillaume Pitron en su libro La guerre des métaux rares, al decir que estos nuevos sistemas desplazan la contaminación al otro lado del mundo, pero no la eliminan.

En las jornadas sobre eMovilidad que realizó Diario de Mallorca hace breves fechas se añadieron algunas consideraciones más al respecto: tenemos un precio excesivamente caro del coche eléctrico básico (30.000 euros) frente a uno análogo de combustible (12.000 euros), su autonomía es aún muy corta, existen muchos problemas con la carga, que es lenta, con adaptadores diferentes, o la necesidad de reserva de plazas al lado de los cargadores de la vía pública, donde además conviven sistemas de pago diversos, etc. Son todo ello problemas subsanables, sin duda, pero que hoy por hoy no están plenamente superados, ni mucho menos.

Y por encima de todo esto está una cuestión, que el representante del sector de los concesionarios manifestó y que hace que nos topemos de bruces con una realidad inapelable: el 80% del coste del combustible que tanto criticamos resulta que son impuestos. Y sabemos que España es un país súper endeudado. Si hacemos desaparecer estos combustibles: ¿de dónde sacará el Estado los ingresos que necesita? Seguramente habrá de trasladar esa carga tributaria a lo eléctrico. Y aquí ya hablaremos de otros números, de otras cifras, de otros precios. Ya no saldrá tan "rentable" lo eléctrico.

El representante del fabricante de coches eléctricos Tesla fue más allá, lanzando la hipótesis de un 2030 sin vehículos de combustión, con aire limpio, con un 80% menos de flota de vehículos y la quiebra de las empresas que no se adapten. Realizó la reflexión cierta de que el 97% del tiempo nuestros coches están parados y el 78% de las veces viajan con un pasajero solo. Por eso defendía la tesis de que ello habría de provocar la irrupción de la conducción autónoma así como de plataformas de vehículo compartido, desapareciendo los atascos y recuperando el 80% del espacio urbano, con una disminución drástica de los accidentes de tráfico. La verdad es que todo eso sonaba muy bien.

Estoy convencido de las bondades del sistema de transporte eléctrico. Pero no es la panacea absoluta ni tampoco está maduro todavía. Entiendo por mi parte que no bastan la energía eólica y la solar por sí solas para sustituir los combustibles fósiles y los nucleares, meollo principal del tema. En mi opinión hay que impulsar la energía proveniente del mar, que es inagotable: la energía mareomotriz de las corrientes marinas y también la energía cinética de las olas, que son ya convertibles en energía eléctrica hoy. Y de esto nada se dice. El Govern del Pacte nada ha escrito sobre ello en sus diversos planes y leyes, como la del Cambio Climático o el de Movilidad Balear, que pretende tener antes de que acabe esta legislatura, que ya va tocando a su fin.

En lugar de apostar por ello para seguir en la senda del crecimiento sostenible, el Pacte decide prohibir la entrada de vehículos diésel para el 2025 y los gasolina para 2035. Ahí es nada.

Pero lo cierto es que no basta con prohibir, la vida no es tan simple. Quede dicho.



El enlace del artículo:

Pues eso

-Artículo de Opinión Política/ diario digital "Mallorca Confidencial"-   El autor. Soy de los que piensa que siempre hay que trill...